Llega un punto, ya sea por complejidad en la gestión o por un crecimiento elevado en tamaño de la organización y la facturación, en la que toda empresa familiar se da cuenta de las limitaciones de algunas de sus capacidades y empiezan a hablar de PROFESIONALIZARSE.
En muchos casos, se contratan y atraen a profesionales movidos por ganas de afrontar retos, poner en marcha nuevos departamentos, procedimientos, y ayudar en la transicion de la empresa.
Estoy a favor de esta idea de profesionalización, se intenta por lo tanto de mejorar la gestión y dar continuidad al negocio. A estos profesionales hay que dejarlos hacer, siempre con el apoyo de la dirección/familia, pero en muchas ocasiones no es así. Lastrados por una forma de hacer las cosas y por una toma rápida de decisiones acostumbrada en el tiempo, el directivo/familiar, puede cargarse con una decisión todo el trabajo realizado por el profesional. Por lo que la idea de profesionalizar la empresa, no es factible mientras la dirección/familia no se profesionalice también y tenga en cuenta que sus decisiones afectan a la empresa en su conjunto y no solo a su departamento.
Bien mediante formación y reconocimiento de que no solo por el hecho de ser dueño, se está capacitado y por lo tanto hay que formarse y profesionalizarse. O bien mediante el planteamiento de contratar a un Director Profesional que a la hora de tomar decisiones, cuente con el apoyo total de la familia.
Encontrar a un profesional que lidie con relaciones familiares tensas o prácticamente destrozadas a causa de la gestión del negocio es difícil, por lo que es en los buenos momentos en los que hay que reflexionar, valorar las capacidades de cada uno, ser realistas y decidir si se contrata a un tercero que los guíe en el día a día y en la toma de decisiones de la empresa. Otra opción también a valorar en época de bonanza es empezar a sentar las bases para que la familia se forme y cumpla unos requisitos profesionales estrictos para tratar de asegurar la profesionalización de la familia y por lo tanto de la empresa, para esto muchas veces se utiliza el Protocolo Familiar, donde se plasman los requisitos de formación y experiencia laboral, que los familiares deben cumplir para poder trabajar en la empresa.
Partimos de la base de que los dueños/familia deben ser críticos con ellos mismos y valorar sus capacidades, muchas veces se creen capacitados pero no es así, lo que incrementa el problema, dado que aunque se contraten profesionales si no se dejan asesorar o les dejan hacer de nada servirá esa profesionalización, dado que este se planteara su continuidad o no en la empresa.
Otro tema que hace necesario profesionalizar la toma de decisiones, viene de que las decisiones del día a día tienen consecuencias no solo en la cuenta de resultados sino también en el balance de la empresa, por lo que los directivos que toman decisiones comerciales, operativas, de compras, stock… deben ser conocedores de que sus decisiones afectan al circulante de la empresa, generando situaciones de superávit o déficit financiero, sin haberlo tenido en cuenta, pero sobre esto ya hemos hablado.
Por lo que vemos son muchos los puntos a favor de la profesionalización de la empresa familiar, sobre todo si buscamos su supervivencia a largo plazo.