Suena a tópico, pero es verdad. En las empresas pequeñas o familiares, un salario de un profesional cualificado es a veces implanteable, en el caso de que no es posible por la estructura de gastos de la empresa, hay alternativas mas económicas, como servicios de consultoría, interims… pero hay veces que se podría justificar y pagar ese salario, pero los dueños de la empresa lo ven desorbitado, y en vez de contratar al mejor perfil, contratan al que les puede parecer bien, que se conforma con un salario que a veces, es la mitad de lo que les costaría un profesional cualificado para ese puesto.
Normalmente el que accede a cobrar menos, suele ser una persona que ve el trabajo como un reto y por lo tanto está falto de experiencia (suelen ser perfiles junior dispuestos a dar el salto), esto no quiere decir que al final las cosas no salgan bien, para la empresa y para el nuevo incorporado, pero a veces la experiencia resulta desastrosa, y no solo acaba con el efecto del directivo «quemado», sino que además conlleva un deterioro de la cuenta de resultados de la empresa, según sea el puesto para el que se le hubiera contratado, porque se generan situaciones de descontrol, del departamento en si, o de otros por el desvío de la atención y recursos al foco que genera el problema.
Para determinados puestos, puede funcionar contratar a alguien menos preparado e ir formándolo en la empresa, siempre y cuando tengamos a personas que estén preparadas para esta labor de formación y supervisión, para otros no, por lo que al final, lo barato acaba saliendo caro.
En muchos casos el diferencial de pérdida generado por esa incorporación, es superior a lo que le hubiera costado a la empresa contratar desde un primer momento a un profesional, y esto es un coste que muchas veces ni se calcula ni se valora.